¿Qué es la osteopatía?

Creada por Andrew Taylor Still ( 1828-1912), este médico investigador estaba convencido de que el secreto de la salud se encontraba casi de una manera exclusiva en el buen estado de la columna vertebral. Su experiencia con los soldados de La Unión, durante la guerra civil americana, le llevó al convencimiento de que mientras la columna vertebral estuviera integra todas las partes corporales gozarían de buena salud. A fin de cuentas, decía, la mayoría de los nervios que existen parten de ambos lados de la columna y de ellos depende el influjo eléctrico que nos mantiene con vida. Además, en ella está la médula espinal, mediadora del sistema nervioso autóctono. Según vemos en esta página de referencia, la osteopatia, pues, se centra mayormente en la columna vertebral, ya que mediante su manipulación se logra restablecer a las vértebras a su posición original, se mantiene la flexibilidad articular y con ello la movilidad, así como se evita la tensión excesiva en músculos y ligamentos.

El doctor Still era un gran observador de las costumbres de los animales, los cuales ejercitan diariamente sus movimientos de flexibilidad articular y realizan estiramientos continuos, especialmente después de una posición de reposo. Este mecanismo reflejo es idéntico al de los niños pequeños, quienes con sus bostezos, estiramientos para levantarse de la cama y restregones de ojos y nariz consiguen dar tono inmediatamente a casi todo su cuerpo. Los adultos, por desgracia, o por exigencias sociales, nos vemos en la obligación de reprimir estos actos naturales que nos ayudarían a mantenernos con buena salud.

Conceptos básicos de la osteopatía

El desplazamiento de las vértebras de la columna puede producir síntomas que en apariencia no tienen ninguna relación con ella, como los dolores abdominales, las jaquecas o irritaciones cutáneas.

El cuerpo humano posee un sistema de autorregulación, la homeostasis, la cual consigue restablecer todo a su posición original y quitar las molestias.

Las lesiones de la columna generan una información falsa a la médula espinal que la incapacita para autorregularse.

A causa de problemas musculares los nervios de la médula espinal se vuelven hipersensibles y transmiten a los músculos y articulaciones esta irritabilidad, lo cual a su vez afecta a la circulación arterial y venosa, así como a aquellos tejidos que se nutren de los nervios espinales.

Cada articulación está debidamente interconectada con nervios, músculos, ligamentos y huesos, por lo que en caso de enfermedad articular el mal se propaga.

Mediante la osteopatía se puede corregir la irritabilidad articular y con ello los síntomas y males que había generado.

El diagnóstico de la enfermedad: el papel del osteópata

En el supuesto de que deseemos acudir a la consulta de un osteópata debemos tener en cuenta que las preguntas que nos va hacer y las pruebas a las que vamos a ser sometidos no tienen similitud con las que nos haría un médico tradicional y ni siquiera un fisioterapeuta educado en una universidad normal. No obstante, el lector descubrirá que muchas de las teorías y manipulaciones de la osteopatía coinciden con los masajes orientales y, aunque no tenemos que pensar que han sido copiados, lo que sí es cierto es que las mismas ideas partieron de personas diferentes que vivían en países muy lejanos, algo que se da con frecuencia en todos los actos humanos.

En el historial que el osteópata va a elaborar no tienen una importancia decisiva las enfermedades que hayan podido padecerse con anterioridad, ni los análisis clínicos, ni las radiografías y ni siquiera los medicamentos (analgésicos y antiinflamatorios) que le hayan prescrito. Lo que el profesional valorará enormemente es el modo de andar, sentarse, estarse quieto, mover las manos, gesticular y hasta cómo le cuenta sus problemas. Puede que hable tímidamente, con rapidez, con agresividad o con tristeza, factores emocionales éstos que lógicamente pueden haber conducido a la enfermedad ósea y que serán valorados para establecer superficialmente la causa de la patología. Después comenzará el examen físico, especialmente de su parte posterior. El paciente estará en pie y la observación se centrará en la altura de ambos omóplatos y los hombros, las posibles curvaturas de la espalda, el equilibrio de la cadera, así como la posición natural de la cabeza. Todo ello tratando de evitar que el mismo paciente induzca a un error en el diagnóstico adoptando una posición que no es la suya habitual. A continuación se le tumbará en una camilla plana y se examinarán las posibles alteraciones del nervio ciático forzando a la pierna a elevarse hasta la vertical, sin doblarse. Una vez comprobadas ambas piernas, el examen consistirá en comprobar si las dos tienen la misma longitud y si existe algún dolor fuera de lo normal al realizar pruebas de flexibilidad articular. Se comprobará igualmente la zona lumbar mediante movimientos de flexibilidad y movilidad, con objeto de encontrar posibles espasmos musculares, cadera anquilosada, dolores óseos o artrosis. Las costillas serán también objeto de un examen previo, forzando con la mano su hundimiento, así como las articulaciones del codo y las muñecas.

El tratamiento

Una vez completado el examen físico, se elegirá el tratamiento individualizado o se rechazará la terapia ante la gravedad del caso, que puede demandar cirugía u otra terapia más adecuada. Si todo indica que se trata de una alteración del sistema nervioso a causa de un desequilibrio vertebral, se procederá a las manipulaciones.

Estas no siguen un patrón fijo, ya que dependen siempre de la respuesta del paciente. Cada vez que se realiza una torsión o una presión se tiene muy en cuenta la respuesta individual de la parte presionada y no hay nunca una pauta estándar a seguir. Quienes han visto alguna sesión de osteopatía se han quedado impresionados por los movimientos bruscos que se hacen para liberar alguna articulación o vértebra bloqueada, en la cual el chasquido es el sonido más habitual, quizá acompañado por un pequeño grito del paciente. Ello se debe a que algunas técnicas manipulad vas se tienen que realizar a gran velocidad si se quiere dejar cada cosa en su sitio, pero esto no puede ser aplicado tampoco indiscriminadamente y muchas personas requieren tratamientos mucho menos incruentos para recomponer sus tejidos.

De todas maneras, el impulso a gran velocidad que se emplea en los tratamientos vertebrales es totalmente indoloro, precisamente por su gran velocidad. Solamente en aquellos casos en los cuales existan adherencias, callosidades o calcificaciones, causantes de los dolores, el tirón brusco es el mejor remedio aunque produzca dolor, ya que elimina la causa en unos breves segundos. Un tratamiento más suave se prolongaría durante días y el resultado final sería mucho más doloroso.

El tratamiento más espectacular que suele dar gran fama a un osteópata es el que se aplica en los pinzamientos vertebrales que ocurren bruscamente en una persona, cuando trata de incorporarse después de estar agachado.

Otra gran aplicación para la osteopatía son las enfermedades profesionales que ocasionan dolores articulares. En estos casos el especialista pide al paciente que adopte la postura habitual en su profesión para así ver exactamente dónde se origina el mal.