¿Qué debo tener en cuenta antes de comenzar a bajar de peso?

Las circunstancias de cada persona son únicas, y su situación frente a la tarea que tiene ante usted también lo es. En el esfuerzo de bajar de peso influirán su edad, su actividad física, su masa muscular, su tasa metabólica basal, y muchos otros elementos.

Algunos de estos factores pueden ser modificados y otros no. En los próximos artículos aclararemos todo lo referente a cada uno de ellos. Por supuesto que debemos enfocarnos en lo que podemos cambiar, pero también es importante tener en cuenta lo que escapa de nuestro control, como la edad, o la genética.

Factores  clave en la pérdida de peso

No todos los pacientes que deciden adelgazar se encuentran en las mismas
condiciones:

Existen personas que siempre han sufrido sobrepeso, para quienes implica un verdadero sacrificio perder algunos kilos, o quienes alguna vez fueron delgados, pero después de una enfermedad, embarazo, cambio de hábitos, o simplemente sin saber por qué, subieron de peso y ahora no pueden retornar a su estado físico original. También podemos encontrarnos en la situación de un aumento progresivo de peso, es decir, ya no hablamos de “adelgazar desde un peso estable”, sino de entrar en una espiral de incremento constante.

Lo primero: la salud

En todas estas circunstancias, antes de tomar la decisión de adelgazar es fundamental asegurarse que no existe ningún problema orgánico que pueda ser responsable de ese sobrepeso, en especial si la ganancia de kilos ha sido rápida y reciente. Lo contrario significaría un esfuerzo a contracorriente, algo así como pretender ganar una carrera de automóviles sin quitar el freno de mano. En otras palabras, lo primero que se debe hacer es acudir a su médico de cabecera y asegurarse que todo está en orden.

La razón del consejo es que muchas veces el exceso de peso está relacionado con enfermedades o trastornos orgánicos, y esos kilos de más pueden ser solo un síntoma, como podría ser el dolor de cabeza o la fiebre. Si usted tiene dolor de cabeza y fiebre puede tomar un medicamento para aliviarlas, y lo más probable es que sienta mejoría, pero si se trata de una enfermedad subyacente, al pasar el efecto de la medicina volverá a sufrir los mismos síntomas porque el verdadero problema no ha recibido tratamiento.

Del mismo modo, si el aumento de peso responde a una descompensación del estado de salud, aunque baje de peso por una dieta, mientras no se resuelva aquello que lo ocasiona recuperará los kilos que perdió en cuanto abandone la dieta, si es que funciona. Y es aquí donde se suelen señalar dos grandes culpables o chivos expiatorios, según se mire, a los cuales se relaciona con el aumento del peso. Me refiero a los desórdenes hormonales y metabólicos.

Sobre este tema se habla mucho entre quienes tienen esta preocupación. En corrillos escuchamos comentarios acerca del papel de la tiroides como principal culpable de la gordura de una amiga, o cómo alguien afirma que “su metabolismo es lento”, y por eso le cuesta adelgazar. Sobre esto hay mucha verdad, pero también algunos mitos y verdades a medias que aumentan la confusión sobre un tema ya complicado por sí mismo.

El papel de la tiroides en el adelgazamiento

En primer lugar ocupémonos de la tiroides, una glándula que se ha convertido en el villano y chivo expiatorio en lo que a obesidad se refiere. La tiroides se encuentra en la parte anterior del cuello, tiene forma de mariposa y su función es producir hormonas tiroideas. Estas hormonas son sustancias químicas que actúan como mensajeros (corre, ve y dile), para llevar a cabo tareas que regulan importantes funciones vitales. Es decir, la tiroides actuaría como una oficina gerencial desde la cual se emiten memorandos (a través de las hormonas), para regular el comportamiento de otros órganos y tejidos.

Entre sus muchas ocupaciones tiene a su cargo la regulación del metabolismo basal, lo cual quiere decir, el control de los procesos químicos que se llevan a cabo en el organismo y que son necesarios para la vida, la termogénesis, que consiste en la generación y mantenimiento del calor corporal, gracias al cual calificamos como “animales de sangre caliente”, y la diferenciación y función del tejido adiposo (graso), del cual, como señalaré más adelante, existen varios tipos. Estas funciones implican un consumo de energía, y en posteriores capítulos explicaré cómo influyen sobre la ganancia o pérdida de peso. De manera que la reducción del funcionamiento de la tiroides (en los pacientes con hipotiroidismo) ralentizaría estas actividades, favoreciendo por lo tanto el aumento de peso.

Hasta este momento la glándula parece culpable, pero vamos a ver qué se puede decir en su defensa: Si bien es cierto que el hipotiroidismo ocasiona aumento de peso, por lo general éste no sobrepasa entre el 5 y el 10% del peso corporal. Es decir, si usted pesa 100 kilos y padece hipotiroidismo, el tratamiento con hormona tiroidea le hará perder entre 5 y 10 kilos, no más.

Esto solo es válido para los pacientes que sufren esa enfermedad o patología. En ningún caso una persona sana se beneficiaría de tomar hormona tiroidea para bajar de peso. Intentar engañar a su organismo de esa manera solo lograría reducir la producción de sus propias hormonas, y por lo tanto crear un desajuste de consecuencias nada deseables, y al final su peso seguiría igual.

De manera que la mala función de la tiroides puede hacer que aumente algunos kilos, que por lo general se pierden al cumplir el tratamiento indicado por el especialista, y también puede hacer un poco más difícil alcanzar un peso ideal, pero en ningún caso lo impide. Es importante detectar y controlar el hipotiroidismo, no solo por su influencia en el peso, sino también por el papel fundamental que tienen las hormonas tiroideas en las funciones vitales. Si ha tenido un aumento de peso reciente, caída del cabello, la piel reseca, se siente cansado, o por alguna otra razón sospecha que puede tener problemas con la tiroides, lo más recomendable es que acuda lo antes posible a su médico para que lleve a cabo las pruebas respectivas y aplique los correctivos necesarios.

Además de la tiroides, casi siempre presente en la mira de las personas que quieren adelgazar, existen otras causas médicas para el aumento de peso, bien por problemas hormonales (hiperinsulinismo, síndrome de Cushing, etc.), e incluso por el consumo de algunos medicamentos. Su médico es el único que le puede decir si padece alguna condición que modifique su situación al respecto. Y si es así, indicarle un tratamiento apropiado. Un caso especial, por la importancia que reviste, y su frecuencia como causa y consecuencia de la obesidad es la resistencia a la insulina, pero acerca de este tema trataremos en detalle más adelante, luego de haber aclarado algunos procesos que ocurren en el organismo que la padece.

Nuestro metabolismo

Otro famoso “chivo expiatorio” del sobrepeso es el “metabolismo lento”, aunque casi nadie que usa este término suele ser capaz de definirlo con precisión. Para quien lo emplea, implica que los resultados no son acordes con el esfuerzo que representan la dieta y el ejercicio, y por lo general la queja viene acompañada de comparaciones con familiares o amigos más afortunados. Me explico: no es extraño que el paciente acuda frustrado y afirme que pasa hambre, que casi no come, que hace ejercicio hasta quedar exhausto, y sin embargo los kilos de más permanecen allí, inamovibles, o si logra bajar un par de kilos después de mucho sacrificio, luego contempla con horror como éstos regresan triunfantes con cualquier pequeña transgresión de la dieta. Casi siempre la queja aparece acompañada de la inevitable comparación cargada de justa indignación:

“Mi cuñada en cambio come loque quiere, no hace ejercicio, y no engorda”. ¿Le resulta familiar esta afirmación? Lo más importante a tener en cuenta, una vez que su médico le ha asegurado que no existe ninguna enfermedad que incida sobre su peso, es que cada persona es única, y para poder bajar esos kilos de más es necesario tomar en cuenta esas características individuales y si es posible, cambiarlas a su favor. Uno de los objetivos de este libro es que comprenda por qué hay personas que parecen engordar con el aire que respiran, y otras que se asemejan a una caldera porque queman cuanta caloría ingresa a su sistema. La buena noticia es que si forma parte del primer grupo está en sus manos reducir en cierta proporción esa desventaja, y si no llega a alcanzar el metabolismo “de su cuñada”, cuando menos puede mejorar significativamente el suyo.

En los siguientes artículos pasaremos a aclarar algunos conceptos básicos necesarios para que comprenda cómo funciona su organismo, pero antes quiero dejar muy claro que el primer paso para alcanzar su peso ideal es acudir al médico para asegurarse que su sobrepeso u obesidad no es el síntoma de una enfermedad oculta.

“En ocasiones, el exceso de peso es la manifestación de alguna enfermedad, por lo que antes de iniciar cualquier programa para adelgazar debe realizarse una evaluación médica que garantice un buen estado de salud.”